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Las flores y el Día de los Difuntos

Las flores y el Día de los Difuntos

La tradición de llevar flores a los difuntos es una costumbre que viene de muy lejos, tanto que los primeros restos de flores aromáticas y decorativas encontradas en una tumba data de hace casi 13.000 años. 

Se supone que la decoración floral en las tumbas y la costumbre de poner flores a los difuntos comenzó para evitar el mal olor de la descomposición mientras se velaba a los recién fallecidos, costumbre que con el tiempo y el avance de las técnicas de embalsamamiento se ha ido perdiendo, y a día de hoy ha quedado como una práctica puramente decorativa. 

No obstante, el propio hecho de ir al cementerio a ponerle flores a los fallecidos, supone reavivar el recuerdo de nuestros seres queridos y acercar la vida a la muerte, al menos durante algunos días, antes de que se marchiten.

Dentro del extenso mundo de las flores, hay algunas que se suelen elegir para estos fines ya sea por su significado o por lo que representan:

Los claveles, que expresan admiración y homenaje muestran la pureza del alma del fallecido, también son muy usados los gladiolos así como las azucenas o lirios que transmiten una idea de sinceridad.

Sin embargo, son los crisantemos, la flor de oro, como la bautizó la emperatriz Josefina de Francia, las flores del Día de los Difuntos ya que su breve floración coincide con el final del otoño (entre octubre y diciembre) y ninguna otra planta evoca tan claramente que la vida es sólo un tránsito fugaz y breve.

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